
Deje de gestionar inventarios y empiece a fabricar dinero: el stock no es un activo, es capital de trabajo asfixiado que le impide crecer.
- El Just-in-Time no es una utopía; es una decisión financiera que libera liquidez al sincronizar la producción con la demanda real del cliente.
- La tecnología, como la fabricación aditiva y la automatización, hace que producir bajo demanda sea más rentable y rápido que nunca, eliminando la necesidad de moldes y grandes series.
Recomendación: Analice el coste real de su inventario (financiero, almacenamiento, obsolescencia) y reasigne ese capital a innovación, no a productos que esperan en una estantería.
La paradoja es brutal y la conocen demasiados empresarios: la cuenta de resultados muestra beneficios, pero la tesorería está al límite, ahogada por la necesidad de pagar nóminas, proveedores e impuestos. ¿Dónde está el dinero? La respuesta, en la mayoría de los casos, está cogiendo polvo en su almacén. El modelo de producción tradicional, basado en la especulación («producir para almacenar»), nos ha enseñado a ver el inventario como un activo en el balance. Es un error catastrófico. Cada unidad terminada que no tiene un comprador asignado es, en realidad, dinero «muerto», un capital de trabajo inmovilizado que no genera rendimiento y que, peor aún, incurre en costes constantes de almacenamiento, seguros y obsolescencia.
La solución convencional pasa por optimizar el inventario, aplicar complejos algoritmos de previsión y negociar mejores condiciones de almacenamiento. Son parches sobre una herida abierta. La verdadera revolución, el cambio de paradigma que separa a las empresas ágiles de las que se hunden, es mucho más radical: producir únicamente lo que ya se ha vendido. Este enfoque, una evolución moderna del Just-in-Time (JIT), no es una simple táctica logística; es una estrategia financiera fundamental. Transforma el modelo de negocio desde sus cimientos, pasando de un sistema «push» (empujar producto al mercado) a un sistema «pull» (tirar de la producción a partir de una venta confirmada).
Adoptar este modelo no significa trabajar sin red. Requiere una profunda reingeniería de procesos, una confianza absoluta en la tecnología y una visibilidad total de la cadena de suministro. Implica cuestionar dogmas como la necesidad de grandes lotes de producción y la dependencia de un único proveedor. En este artículo, desglosaremos, desde una perspectiva financiera y logística, por qué el stock es su enemigo silencioso y cómo las herramientas modernas, desde la fabricación aditiva hasta los triggers automáticos, le permiten construir una máquina de producción que responde al cliente, no a la especulación, liberando el flujo de caja para convertirlo en su principal arma competitiva.
Para abordar esta transformación de manera estructurada, exploraremos los conceptos clave que le permitirán pasar de la teoría a la acción. Analizaremos desde el impacto financiero del stock hasta las tecnologías que hacen posible la producción bajo demanda y las estrategias para asegurar la resiliencia de su cadena de suministro.
Sumario: Claves para una producción sin stock y con máxima rentabilidad
- ¿Por qué el stock terminado es dinero «muerto» que asfixia tu capacidad de innovación?
- Cómo utilizar la fabricación aditiva para repuestos bajo demanda sin moldes
- Just-in-Time vs Just-in-Case: ¿cuál resiste mejor una interrupción de suministro global?
- El peligro de no tener buffer de seguridad cuando un proveedor clave falla
- Cuándo lanzar la orden de fabricación: triggers automáticos desde el TPV
- ¿Por qué tu cuenta de resultados es positiva pero no tienes dinero para pagar nóminas?
- Robot SCARA o de 6 ejes: ¿cuál es más rentable para tareas de Pick and Place?
- ¿Cómo obtener visibilidad de extremo a extremo en tu cadena de suministro para prevenir cuellos de botella?
¿Por qué tu cuenta de resultados es positiva pero no tienes dinero para pagar nóminas?
Es el escenario más frustrante para un empresario: el estado de pérdidas y ganancias refleja un beneficio contable, pero la cuenta bancaria está vacía. Esta disonancia letal entre beneficio y liquidez tiene un culpable principal: el capital de trabajo inmovilizado. Cuando una empresa produce basándose en previsiones (modelo «push»), cada producto fabricado que no se vende inmediatamente se convierte en inventario. Contablemente, es un activo. Financieramente, es un lastre. Este stock consume efectivo en su producción y, mientras espera en el almacén, no solo no genera ingresos, sino que sigue drenando recursos a través de costes de almacenamiento, seguros y el riesgo de obsolescencia.
La métrica clave para entender esta asfixia financiera es el Ciclo de Conversión de Efectivo (CCE). Este indicador mide el tiempo que transcurre desde que se paga a los proveedores por las materias primas hasta que se cobra al cliente por el producto final. Un CCE largo, inflado por largos periodos de inventario, significa que la empresa está financiando sus operaciones durante más tiempo. De hecho, según análisis del sector industrial, cerca del 60% de las pymes manufactureras reportan problemas de liquidez a pesar de mostrar beneficios, precisamente por este exceso de capital atrapado en el stock. Un modelo de producción sobre venta ataca directamente este problema, acortando drásticamente los días de inventario y, por tanto, el CCE.
Al producir solo cuando existe un pedido en firme, el ciclo se invierte. En el escenario ideal, el cliente paga por adelantado o en el momento del pedido, lo que significa que es él quien financia la producción. El CCE puede incluso volverse negativo, una posición de poder financiero inmensa donde la empresa cobra antes de tener que pagar a sus proveedores. Liberar este capital «muerto» del inventario no solo soluciona los problemas de tesorería para pagar nóminas, sino que lo convierte en un motor para la innovación, la inversión en marketing o la expansión, en lugar de dejarlo depreciarse en una estantería.
El siguiente cuadro ilustra de forma clara cómo el modelo de producción impacta directamente en la salud financiera de la empresa, yendo mucho más allá de la simple eficiencia operativa.
| Modelo de Producción | Días de Inventario | Ciclo Conversión Efectivo | Impacto en Liquidez |
|---|---|---|---|
| Tradicional (Push) | 45-90 días | 60-120 días | Alta presión sobre tesorería |
| Just-In-Time | 5-15 días | 15-30 días | Mejora significativa liquidez |
| Producir sobre Venta | 0-5 días | Puede ser negativo | Cliente financia producción |
Este cambio de enfoque es el primer paso para dejar de ser un banco para sus propios productos y empezar a ser una empresa que utiliza su capital de forma estratégica.
¿Por qué el stock terminado es dinero «muerto» que asfixia tu capacidad de innovación?
Cada euro invertido en un producto que permanece en su almacén es un euro que no está trabajando para usted. Es un capital asfixiado, congelado en un activo que no solo no se aprecia, sino que se deprecia con el tiempo. El coste de mantener inventario es un enemigo silencioso y multifacético que va mucho más allá del alquiler del espacio físico. Incluye seguros, personal de almacén, sistemas de gestión y, el más peligroso de todos, el coste de oportunidad. Ese capital, si estuviera líquido, podría invertirse en investigación y desarrollo, en la captación de nuevo talento, en campañas de marketing agresivas o en la actualización de maquinaria. En su lugar, está financiando la obsolescencia.
El coste de mantenimiento del inventario se estima, de forma conservadora, entre un 20% y un 30% de su valor anualmente. Compárelo con el rendimiento que podría obtener de ese mismo capital en una inversión alternativa, incluso una conservadora. La diferencia es el dinero que su empresa está perdiendo cada día por aferrarse a un modelo de producción especulativo. La innovación requiere agilidad y recursos; un inventario pesado es el ancla que le impide moverse con la rapidez que el mercado exige.
Estudio de Caso: La revolución financiera de Toyota con el Just-In-Time
Toyota no inventó el JIT solo para ser más eficiente; lo hizo como una estrategia financiera radical. Al recibir materiales, montar los vehículos y sacarlos de la línea de producción en un solo día, Toyota demostró que era posible operar con niveles de inventario casi nulos. Esto no solo redujo drásticamente los costes de almacenamiento, sino que liberó una cantidad ingente de capital que se reinvirtió en la mejora continua (Kaizen) y en la innovación, creando un círculo virtuoso que sus competidores, anclados en la producción en masa y los grandes stocks, tardaron décadas en comprender. El Sistema de Producción Toyota es, en esencia, un método de eliminación de residuos donde el mayor residuo es el capital inmovilizado.
Esta filosofía obliga a la empresa a ser mejor. Sin el colchón del inventario, cualquier problema en la producción o en la calidad sale a la luz inmediatamente y debe ser resuelto. Obliga a la excelencia operativa. Por tanto, eliminar el stock no es solo una optimización de costes, es un catalizador para la mejora continua y la innovación forzosa. Es la decisión de apostar por el futuro en lugar de financiar el pasado.
Cómo utilizar la fabricación aditiva para repuestos bajo demanda sin moldes
Uno de los mayores obstáculos para la producción sin stock, especialmente en industrias que manejan una gran variedad de piezas o productos con ciclos de vida largos, es la gestión de repuestos. Fabricar y almacenar miles de referencias «por si acaso» es la antítesis del modelo Just-in-Time. Aquí es donde la fabricación aditiva (impresión 3D) se convierte en una herramienta disruptiva. Permite pasar de un almacén físico, costoso y lleno de piezas obsoletas, a un almacén digital: una biblioteca de archivos 3D lista para materializarse solo cuando un cliente solicita una pieza.
El cambio es fundamental. La producción tradicional de piezas, especialmente las de plástico o metal, requiere moldes o utillajes caros, cuya inversión solo se amortiza con grandes volúmenes de producción. Esto obliga a fabricar miles de unidades para conseguir un coste unitario razonable, inflando el inventario. La impresión 3D elimina esta barrera de entrada. Según análisis del sector, la impresión 3D elimina la necesidad de herramientas y moldes costosos, reduciendo hasta un 90% los costes de producción inicial. No hay coste de molde, no hay lote mínimo. Se puede fabricar una sola unidad de forma rentable y entregarla en cuestión de horas o días, no de semanas.
Esta tecnología es especialmente poderosa para piezas con geometrías complejas, personalizaciones o aquellas cuya demanda es baja e impredecible. Permite responder a las necesidades del cliente con una agilidad sin precedentes, garantizando el servicio postventa sin necesidad de inmovilizar capital en repuestos que quizás nunca se vendan. La decisión entre la impresión 3D y el molde tradicional se convierte en un cálculo estratégico basado en el volumen, la urgencia y la complejidad.

La siguiente tabla comparativa, basada en datos de mercado, ofrece una guía clara para tomar esta decisión crucial. La fabricación aditiva no reemplaza por completo a los métodos tradicionales, pero ofrece una alternativa estratégica para los volúmenes donde el almacenamiento es financieramente inviable.
| Factor de decisión | Impresión 3D recomendada | Molde tradicional recomendado |
|---|---|---|
| Volumen anual | < 500 unidades | > 1000 unidades |
| Coste inicial | Sin inversión en moldes | Amortizable en grandes series |
| Plazo de entrega | 24-72 horas | 4-8 semanas inicial |
| Complejidad geométrica | Geometrías complejas sin sobrecoste | Limitado por desmoldeo |
| Personalización | Cada pieza puede ser única | Costoso modificar |
Just-in-Time vs Just-in-Case: ¿cuál resiste mejor una interrupción de suministro global?
La pandemia y las recientes crisis geopolíticas pusieron en jaque a las cadenas de suministro globales, llevando a muchos a cuestionar la viabilidad del modelo Just-in-Time (JIT). El argumento es simple: sin un stock de seguridad (el enfoque Just-in-Case, JIC), una interrupción en el suministro de un componente crítico paraliza toda la producción. Esta crítica, aunque lógica, parte de una visión anticuada y simplista del JIT. El JIT moderno no es sinónimo de «cero inventario» ciego, sino de un inventario «inteligente y mínimo», gestionado con una visibilidad y una agilidad extremas.
La verdadera debilidad no reside en el JIT, sino en la fragilidad de una cadena de suministro no diversificada y opaca. Una empresa que depende de un único proveedor en una única geografía para un componente vital es vulnerable, independientemente de si practica JIT o JIC. El modelo JIC simplemente oculta esa vulnerabilidad bajo una montaña de stock, lo que puede dar una falsa sensación de seguridad mientras se incurre en los enormes costes financieros ya discutidos. Cuando ese stock se agota, el problema es exactamente el mismo.
La respuesta del JIT moderno no es acumular stock, sino construir resiliencia a través de la diversificación y la información. Esto implica una estrategia proactiva de gestión de proveedores. No se trata de tener más stock, sino de tener más opciones. Un enfoque inteligente combina la eficiencia del flujo «pull» del JIT con la seguridad de una red de suministro robusta.
Plan de acción: Estrategia de diversificación de proveedores para mantener el JIT
- Identificar componentes críticos: Listar todas las materias primas y componentes, clasificándolos por su impacto en la producción y su riesgo de suministro.
- Diversificar fuentes: Establecer acuerdos con al menos 2-3 proveedores cualificados por cada componente crítico, priorizando la diversificación geográfica.
- Establecer acuerdos contractuales robustos: Implementar cláusulas de nivel de servicio (SLAs) con penalizaciones por incumplimiento de plazos de entrega JIT.
- Garantizar visibilidad en tiempo real: Utilizar plataformas compartidas para monitorizar el estado, capacidad y rendimiento de todos los proveedores clave.
- Auditar y validar periódicamente: Realizar auditorías regulares de la capacidad productiva, la salud financiera y la fiabilidad de los proveedores estratégicos.
En última instancia, el debate no es JIT contra JIC. Es agilidad contra inercia. Un sistema JIC puede resistir una interrupción corta, pero lo hace a un coste financiero altísimo. Un sistema JIT moderno y resiliente, aunque exige una gestión más activa, es capaz de pivotar, cambiar de proveedor y adaptarse a la disrupción mucho más rápido, protegiendo la producción y la liquidez a largo plazo.
El peligro de no tener buffer de seguridad cuando un proveedor clave falla
Adoptar un modelo de producción bajo demanda no puede significar una fe ciega en que nada fallará. Ser radical en la eliminación del desperdicio no es ser ingenuo ante el riesgo. La ausencia total de cualquier tipo de colchón (o buffer) ante la variabilidad es la receta para el desastre. Cuando un proveedor clave falla, una máquina se avería o una entrega se retrasa, un sistema sin buffers se paraliza instantáneamente, con un coste devastador. De hecho, según estudios, las empresas que implementan JIT sin buffers adecuados pueden experimentar pérdidas del 15-25% de su facturación anual por una sola interrupción significativa.
La clave es entender que un buffer de seguridad no es necesariamente un stock físico de producto terminado. Esta es la visión limitada del modelo Just-in-Case. En una estrategia de producción moderna, los buffers son estratégicos, multidimensionales y diseñados para absorber la variabilidad donde es más eficiente hacerlo. Existen principalmente tres tipos de buffers inteligentes:
- Buffer de tiempo: Consiste en planificar los plazos de entrega con un margen de tiempo adicional antes de la fecha en que el componente es estrictamente necesario. No es stock, es tiempo comprado. Permite absorber retrasos del proveedor sin detener la producción.
- Buffer de capacidad: Implica no operar las máquinas o el personal al 100% de su capacidad teórica. Mantener un pequeño porcentaje de capacidad ociosa planificada permite gestionar picos de demanda inesperados o recuperar rápidamente el tiempo perdido tras una avería.
- Buffer de stock estratégico: Este es el último recurso y el más peligroso si no se gestiona bien. En lugar de almacenar producto terminado, se puede mantener un stock mínimo y controlado de las materias primas más críticas, universales o con los plazos de entrega más largos e inestables. Es un seguro, no una forma de operar.

El objetivo no es eliminar todos los buffers, sino reemplazar los buffers de inventario (caros e ineficientes) por buffers de tiempo y capacidad (más baratos y flexibles). La decisión sobre qué tipo de buffer y qué tamaño utilizar para cada punto de la cadena es una de las decisiones estratégicas más importantes en la implementación de un sistema pull. Ignorarlo es condenar el sistema al fracaso ante la primera prueba de estrés real.
Cuándo lanzar la orden de fabricación: triggers automáticos desde el TPV
En un sistema de producción «pull» puro, la señal que inicia todo el proceso es la demanda real del cliente. La pregunta operativa clave es: ¿cómo se transmite esa señal de forma instantánea y fiable desde el punto de venta (TPV o e-commerce) hasta la planta de producción? La respuesta está en la automatización de los «triggers» o disparadores de fabricación. Esperar a que un comercial introduzca manualmente un pedido en el sistema ERP es introducir retrasos, errores y fricción en un proceso que debe ser fluido.
La integración tecnológica es el corazón de este mecanismo. Mediante APIs (Interfaces de Programación de Aplicaciones), el sistema de TPV o la plataforma de comercio electrónico se conectan directamente con el sistema de planificación de recursos empresariales (ERP) o el sistema de ejecución de fabricación (MES). Cuando un cliente finaliza una compra, se genera un evento automático que, tras una serie de validaciones programadas, se convierte en una orden de fabricación firme sin intervención humana.
Sin embargo, no siempre es eficiente lanzar una orden de fabricación por cada venta individual. La estrategia de triggers debe ser inteligente. Por ejemplo, se pueden establecer reglas de agrupación: el sistema puede esperar a acumular un número mínimo de pedidos del mismo producto (un «lote dinámico») antes de lanzar la producción, buscando un equilibrio entre la rapidez de respuesta y la eficiencia de la maquinaria. Otras reglas pueden incluir la validación automática de la disponibilidad de materias primas antes de confirmar la orden, o sistemas de priorización que coloquen por delante los pedidos de clientes VIP o aquellos con mayor margen de beneficio.
El Sistema PULL: El cliente como director de orquesta
La esencia del sistema PULL, piedra angular del Just-in-Time, es que los productos son «requeridos» o «tirados» desde la siguiente estación de trabajo, basándose en la demanda real que se origina en el cliente final. En lugar de que la primera estación de producción «empuje» el trabajo hacia la siguiente, creando cuellos de botella e inventario en proceso, es la última estación la que solicita el trabajo a la anterior, y así sucesivamente hacia atrás. Esto asegura una producción ágil y sincronizada, donde solo se produce lo necesario en el momento correcto, eliminando el desperdicio de sobreproducción.
La implementación de estos triggers automáticos transforma la planificación de la producción de un ejercicio de adivinación a una ciencia de la reacción. Permite a la fábrica operar como una extensión directa del mercado, garantizando que cada recurso invertido y cada minuto de trabajo están dedicados a crear algo que ya tiene un dueño.
Robot SCARA o de 6 ejes: ¿cuál es más rentable para tareas de Pick and Place?
La producción bajo demanda exige flexibilidad y velocidad. Una vez que la orden de fabricación es lanzada, el tiempo de ciclo se vuelve crítico. En muchas industrias, las tareas de «Pick and Place» (coger y colocar componentes) son un cuello de botella potencial. La automatización de estas tareas repetitivas es fundamental, y la elección del robot adecuado tiene un impacto directo en la rentabilidad y la agilidad del sistema.
Las dos opciones más comunes son los robots SCARA (Selective Compliance Assembly Robot Arm) y los robots articulados de 6 ejes. Los robots SCARA son especialistas. Se mueven en cuatro ejes y son extremadamente rápidos y precisos en un plano horizontal. Son la opción ideal para tareas de ensamblaje o empaquetado de alta velocidad donde los componentes se mueven en una superficie plana. Su limitación es su falta de flexibilidad; no pueden coger una pieza y girarla en un ángulo complejo.
Por otro lado, los robots de 6 ejes ofrecen una libertad de movimiento total, similar a la de un brazo humano. Pueden alcanzar cualquier punto en su espacio de trabajo con cualquier orientación. Esta flexibilidad espacial los hace perfectos para procesos que requieren la manipulación de piezas en ángulos complejos, la inserción en cavidades o el trabajo en espacios reducidos. Aunque son generalmente más lentos que los SCARA en tareas planas de Pick and Place, su capacidad para adaptarse a diferentes productos y procesos sin reconfiguración física es una ventaja inmensa en un entorno de producción bajo demanda con alta variabilidad de producto. Recientemente, los cobots (robots colaborativos), a menudo con 6 o 7 ejes, han surgido como una tercera vía, ofreciendo flexibilidad a una inversión inicial menor y la capacidad de trabajar junto a operarios sin necesidad de jaulas de seguridad, aunque a velocidades más moderadas.
La decisión no es sobre qué robot es «mejor», sino sobre cuál es más rentable para la tarea específica. Requiere un análisis del tipo de producto, la velocidad requerida, la variabilidad de las tareas y la inversión inicial. El siguiente cuadro resume los criterios clave para esta decisión estratégica, incluyendo la opción del cobot.
| Criterio | Robot SCARA | Robot 6 ejes | Cobot |
|---|---|---|---|
| Velocidad Pick&Place plano | Excelente (>120 picks/min) | Buena (60-80 picks/min) | Moderada (30-40 picks/min) |
| Flexibilidad espacial | Limitada (4 DOF) | Total (6 DOF) | Buena (6 DOF) |
| Inversión inicial | 40.000-80.000€ | 60.000-150.000€ | 25.000-50.000€ |
| Cambio de producto | Requiere reprogramación | Adaptable | Muy flexible |
| Seguridad operario | Requiere jaula | Requiere jaula | Colaborativo directo |
Puntos clave a recordar
- El inventario no es un activo, es capital inmovilizado que consume liquidez y frena la innovación. El coste real de mantener stock puede alcanzar el 30% de su valor anualmente.
- Producir bajo demanda (sistema «pull») alinea la producción con las ventas reales, acortando el ciclo de conversión de efectivo y liberando capital para crecer.
- La tecnología es la clave: la fabricación aditiva permite crear un «almacén digital» para repuestos, y la automatización de triggers desde el TPV sincroniza la fábrica con el mercado en tiempo real.
¿Cómo obtener visibilidad de extremo a extremo en tu cadena de suministro para prevenir cuellos de botella?
Implementar un sistema de producción bajo demanda sin una visibilidad total y en tiempo real de la cadena de suministro es como intentar conducir un coche de Fórmula 1 con los ojos vendados. El más mínimo imprevisto —un retraso de un proveedor, una falta de material, un problema de calidad— se convierte en una catástrofe si no se detecta al instante. La visibilidad de extremo a extremo (end-to-end) no es un lujo, es la condición indispensable para que el modelo funcione.
Esta visibilidad va más allá de saber dónde está un camión. Significa tener una única fuente de verdad que integre datos de todos los actores y sistemas: los niveles de stock de sus proveedores, el estado de producción de sus socios, los tiempos de tránsito de sus operadores logísticos y la demanda en tiempo real de sus clientes. Las empresas que logran esta integración son capaces de anticipar problemas en lugar de reaccionar ante ellos. De hecho, según estudios sobre digitalización, las empresas con visibilidad completa de su cadena de suministro reducen los tiempos de respuesta ante disrupciones en un 73% y los costes asociados en un 45%.
La tecnología que habilita esta visión panorámica es el Gemelo Digital (Digital Twin) de la cadena de suministro. Se trata de una réplica virtual y dinámica de toda su red logística y de producción. Alimentado por datos en tiempo real de sensores IoT, sistemas ERP, WMS y TMS, el gemelo digital no solo muestra lo que está pasando, sino que utiliza modelos predictivos para simular lo que podría pasar. Permite responder a preguntas como: «¿Qué sucede si mi proveedor principal en Asia se retrasa una semana? ¿Qué ruta alternativa es más rápida? ¿A qué clientes afectará?». Es la herramienta definitiva para una gestión de riesgos proactiva.
Checklist para su auditoría: Implementar un Gemelo Digital de su cadena de suministro
- Puntos de contacto: Mapear todos los nodos clave de la cadena (proveedores, centros logísticos, líneas de producción) para identificar dónde se generan y se necesitan los datos.
- Colecta: Inventariar todos los sistemas de datos existentes (ERP, WMS, TMS) y los sensores IoT disponibles o necesarios para capturar información en tiempo real.
- Coherencia: Confrontar los flujos de datos actuales con el objetivo de visibilidad de extremo a extremo, identificando los «puntos ciegos» o lagunas de información críticas.
- Memorabilidad/emoción: Repensar la presentación de datos, pasando de informes estáticos y reactivos a un panel de control interactivo que modele escenarios y muestre impactos visualmente.
- Plan de integración: Desarrollar una hoja de ruta para priorizar la integración de sistemas y la instalación de sensores que eliminen los «puntos ciegos» más críticos, configurando alertas proactivas.
Construir esta visibilidad no es un proyecto de un día para otro, pero es la inversión más rentable para garantizar la resiliencia y eficiencia de un modelo de producción sin stock. Es el sistema nervioso central que permite a la organización sentir, pensar y actuar como un organismo unificado.
Transformar su empresa hacia un modelo de producción sobre venta es una de las decisiones estratégicas más impactantes que puede tomar. No es un simple ajuste operativo, es una redefinición fundamental de su modelo de negocio que pone el flujo de caja y la agilidad en el centro de todo. Comience hoy mismo a calcular el coste real de su inventario y a explorar las tecnologías que le permitirán liberarse de él.