Publicado el mayo 10, 2024

Reducir el 53% del coste que representa la última milla no se logra con una única tecnología, sino atacando sistemáticamente los costes ocultos que erosionan el margen de cada pedido.

  • Los fallos en la entrega no solo doblan el coste logístico inmediato, sino que destruyen la lealtad del cliente y su valor a largo plazo.
  • La tecnología de enrutamiento es una palanca de ahorro rápido, pero su verdadero potencial solo se desbloquea con una correcta asignación de costes indirectos a nivel de parada.

Recomendación: Audite y asigne los costes indirectos de cada parada utilizando un modelo de costes por actividad (ABC) para identificar qué entregas son realmente rentables y cuáles están drenando sus beneficios.

Para cualquier director de operaciones, la última milla es el campo de batalla donde se gana o se pierde la rentabilidad del e-commerce. Cuando las investigaciones del sector logístico revelan que entre un 50% y 53% del coste total del envío corresponde a la última milla, el problema deja de ser una simple partida de gastos para convertirse en una amenaza estratégica. La respuesta habitual se centra en optimizar rutas o renovar flotas, soluciones necesarias pero insuficientes. A menudo, se ignora que la verdadera sangría de margen no está en el coste por kilómetro, sino en una serie de micro-costes invisibles que se acumulan en cada entrega fallida, en cada minuto de inactividad del transportista y en cada cliente insatisfecho.

El enfoque tradicional de buscar una única solución tecnológica milagrosa —ya sea un software avanzado o una flota de vehículos eléctricos— es un error costoso. La realidad es que estas herramientas son solo una parte de un ecosistema mucho más complejo. Sin una comprensión profunda de la estructura de costes real de cada parada, estas inversiones corren el riesgo de ser meros parches sobre una herida que sigue supurando. La optimización de la última milla no es un problema de transporte, es un problema de rentabilidad granular.

Este artículo adopta una perspectiva diferente. En lugar de repetir las soluciones genéricas, nos sumergiremos en la anatomía de los costes de la última milla. El objetivo no es solo presentar herramientas, sino proporcionar un marco estratégico para diseccionar quirúrgicamente los costes ocultos, desde el impacto real de una segunda visita hasta la forma de asignar correctamente los gastos indirectos. La clave para transformar este centro de coste en una ventaja competitiva no es gastar menos, sino invertir con una precisión que hoy es posible gracias a los datos.

A lo largo de este análisis, desglosaremos las palancas operativas y financieras que permiten a los líderes de la logística urbana recuperar el control de sus márgenes. Exploraremos cómo la tecnología, cuando se combina con una estrategia centrada en el cliente y un análisis de costes riguroso, puede convertir el tramo más caro del transporte en un motor de eficiencia y satisfacción.

¿Por qué el cliente penaliza los envíos lentos aunque el producto sea excelente?

En el e-commerce moderno, la experiencia de entrega ha dejado de ser un servicio post-venta para convertirse en una parte integral del producto mismo. Un cliente puede estar encantado con la calidad y el precio de un artículo, pero una entrega tardía, una ventana de recepción imprecisa o una comunicación deficiente pueden arruinar por completo la percepción de la marca. Esta penalización no es meramente emocional; tiene un impacto financiero directo y medible. La razón subyacente es que el consumidor ya no compra un objeto, sino una solución a una necesidad con una expectativa de inmediatez. La entrega es la culminación de esa promesa.

El mercado ha educado al cliente para esperar velocidad y flexibilidad. Gigantes como Amazon han establecido un estándar de facto donde la entrega en 24 o 48 horas no es un lujo, sino la norma. Cualquier cosa por debajo de eso se percibe como un servicio deficiente. La lentitud se interpreta como falta de profesionalidad o desinterés por parte del vendedor, erosionando la confianza. Este fenómeno se agrava en entornos urbanos, donde la vida acelerada hace que la gestión del tiempo sea crítica. Un envío que obliga al cliente a esperar en casa todo el día genera una fricción que anula cualquier ahorro o ventaja del producto.

La penalización se manifiesta de varias formas: reseñas negativas, una menor tasa de recompra y, en el peor de los casos, la cancelación del pedido o la devolución del producto. Cada una de estas acciones tiene un coste de oportunidad del fallo muy superior al del propio envío. Una mala reseña disuade a decenas de clientes potenciales, mientras que la pérdida de un cliente recurrente elimina todo su valor de vida (Customer Lifetime Value). Como señalan los expertos, la experiencia debe ser fluida en todos los canales. Tal y como afirma KNAPP Logistics en su análisis sobre los desafíos del sector:

Los clientes esperan una experiencia de compra omnicanal sin fisuras, donde pueden decidir cómo y cuándo reciben su mercancía.

– KNAPP Logistics, Blog sobre desafíos y soluciones de última milla

Por lo tanto, invertir en una última milla eficiente no es solo una medida de control de costes, sino una inversión en la retención de clientes y la protección de la reputación de la marca. Ignorar la percepción del cliente sobre la entrega es, en la práctica, devaluar el propio producto, sin importar cuán excelente sea.

Cómo utilizar software de enrutamiento dinámico para ahorrar combustible y tiempo

La planificación de rutas manual o estática es uno de los mayores sumideros de eficiencia en la logística urbana. Asignar rutas fijas sin tener en cuenta las condiciones del tráfico en tiempo real, las obras imprevistas o las ventanas de entrega específicas de los clientes es una receta para el despilfarro de combustible y la acumulación de retrasos. El software de enrutamiento dinámico surge como la principal herramienta táctica para combatir esta ineficiencia. Su función va mucho más allá de trazar el camino más corto en un mapa; se trata de un cerebro logístico que recalcula y optimiza constantemente las rutas de toda la flota.

Estos sistemas integran múltiples variables en tiempo real: datos de GPS del tráfico, previsiones meteorológicas, restricciones de acceso en zonas urbanas y las ventanas horarias prometidas a cada cliente. Al procesar esta información, el software no solo asigna la secuencia de paradas más eficiente para un solo vehículo, sino que equilibra la carga de trabajo entre todos los conductores para maximizar la densidad de entrega, es decir, el número de paquetes entregados por kilómetro recorrido o por hora trabajada. Esto se traduce directamente en una reducción del consumo de combustible, una disminución de las horas extra y una mayor capacidad de entrega con la misma flota.

La implementación de esta tecnología es un factor clave para mejorar la productividad. De hecho, estudios de la industria logística, como los realizados por DHL, demuestran que la adopción de tecnologías de optimización geográfica y enrutamiento puede generar una mejora de entre el 20% y el 40% en la productividad de la última milla. Este salto no proviene solo de rutas más cortas, sino de la capacidad del sistema para prever cuellos de botella y reasignar recursos de forma proactiva durante el día, evitando que un pequeño atasco provoque un efecto dominó de retrasos en toda la cadena.

Además, el software de enrutamiento dinámico proporciona una visibilidad sin precedentes sobre la operación. Los directores de operaciones pueden monitorizar el progreso de cada conductor, comparar los tiempos planificados con los reales y obtener datos precisos sobre el coste por parada. Esta información es crucial para identificar ineficiencias recurrentes, evaluar el rendimiento de los transportistas y tomar decisiones estratégicas basadas en datos objetivos, sentando las bases para una optimización continua del proceso logístico más crítico.

Drones vs Furgonetas eléctricas: ¿qué solución es viable hoy en centros urbanos?

La conversación sobre el futuro de la última milla está dominada por tecnologías disruptivas como los drones y los vehículos autónomos. Sin embargo, para un director de operaciones que debe tomar decisiones con impacto en el presupuesto actual, es crucial separar la visión a largo plazo de la realidad operativa. Hoy en día, la elección más pragmática se debate entre la consolidación de las furgonetas eléctricas y la adopción de soluciones de micro-movilidad como las bicicletas de carga eléctricas (e-cargo bikes), mientras que los drones y robots siguen, en su mayoría, en fase piloto para aplicaciones muy específicas.

Las furgonetas eléctricas son la opción más madura y escalable para la mayoría de las operaciones urbanas. Su principal ventaja es la reducción drástica de los costes de combustible y mantenimiento, junto con el cumplimiento de las cada vez más estrictas regulaciones de emisiones en las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) de las ciudades. Aunque la inversión inicial es mayor que la de un vehículo de combustión, el coste total de propiedad (TCO) a lo largo de su vida útil es significativamente menor. Su capacidad de carga y autonomía las hacen ideales para rutas con un volumen medio-alto de paquetes.

Por otro lado, los drones, a pesar de su enorme potencial para entregas ultrarrápidas, enfrentan barreras regulatorias, de seguridad y de aceptación pública que limitan su viabilidad en centros urbanos densos. Su aplicación actual se concentra en zonas suburbanas o rurales de baja densidad, para paquetes ligeros y de alto valor. Para la mayoría de las empresas, los drones son una tecnología a observar, no a implementar masivamente en el corto plazo.

La siguiente ilustración muestra la convergencia de estas tecnologías en un entorno urbano, simbolizando las decisiones que los gestores logísticos deben tomar.

Vista aérea de diferentes vehículos de entrega sostenible en una intersección urbana, incluyendo una furgoneta eléctrica, una e-cargo bike y un robot.

Para tomar una decisión informada, es fundamental comparar las características operativas y financieras de cada tecnología. El siguiente cuadro, basado en análisis de tendencias del sector, ofrece una visión clara del estado actual y el potencial de cada solución, como se detalla en un análisis comparativo reciente de tecnologías de entrega.

Comparación de tecnologías de entrega urbana para 2024-2025
Tecnología Inversión inicial Capacidad de carga Alcance operativo Reducción de costos Estado actual
Drones Alta Hasta 2.5 kg 15 km radio 40% en zonas suburbanas Piloto en EEUU
Furgonetas eléctricas Media-Alta Hasta 1,500 kg 150-200 km/día 30% en combustible Ampliamente disponible
E-cargo bikes Baja Hasta 250 kg 50 km/día 50% vs furgoneta Operativo en ciudades
Robots autónomos Media Hasta 20 kg 5 km radio En evaluación Fase experimental

El coste oculto de la segunda y tercera visita que destruye el margen del pedido

La métrica más engañosa en la logística de última milla es el coste de un envío exitoso. El verdadero drenaje de la rentabilidad se encuentra en las entregas fallidas. Cuando un transportista llega a una dirección y el cliente no está, se activa una cascada de costes ocultos que a menudo no se asignan correctamente y que pueden, literalmente, pulverizar el margen de beneficio de ese pedido. El problema no es solo el coste de volver al día siguiente; es mucho más profundo y sistémico.

El primer impacto es la duplicación (o triplicación) del coste directo: combustible, tiempo del conductor y amortización del vehículo para el segundo y tercer intento. Si la última milla ya supone más del 50% del coste total, un solo fallo de entrega eleva ese porcentaje a niveles insostenibles. Pero el coste no termina ahí. Hay que sumar el coste de la gestión de la incidencia: el tiempo que el personal de atención al cliente dedica a contactar al destinatario, reprogramar la entrega y actualizar el sistema. A esto se añade el coste de almacenamiento del paquete en el centro de distribución local durante uno o más días, ocupando un espacio valioso.

Más allá de los costes operativos, el impacto en la experiencia del cliente es devastador. Una entrega fallida genera frustración e incertidumbre, dañando la imagen de la marca de una forma que a menudo es irreparable. Este es el verdadero coste oculto: la pérdida de confianza y lealtad. Un cliente que ha tenido una mala experiencia de entrega es mucho menos propenso a volver a comprar, lo que se traduce en una pérdida de ingresos futuros. Para combatir esto, han surgido modelos innovadores que ponen el control en manos del cliente, como demuestra el siguiente caso.

Estudio de caso: Soluciones de crowdsourcing para eliminar entregas fallidas

Empresas como America’s Deliv en Estados Unidos y Go-Jek en Asia han implementado con éxito aplicaciones de crowdsourcing logístico. Estas plataformas se asocian con una red de conductores locales independientes que son calificados por los usuarios. El sistema permite al cliente final, a través de una app, programar la entrega en el momento exacto en que sabe que estará en casa. Este modelo elimina casi por completo el riesgo de una entrega fallida, evitando los costes del segundo o tercer intento. Además, reduce el riesgo de dejar paquetes expuestos a robos o daños climáticos, mejorando drásticamente la satisfacción y la seguridad.

Atacar la raíz de las entregas fallidas, ya sea mediante tecnologías de crowdsourcing o simplemente mejorando la comunicación y flexibilidad con el cliente, no es una optimización, es una necesidad para la supervivencia financiera en el e-commerce.

Cuándo permitir al cliente elegir su hora de entrega para asegurar la recepción

La estrategia más efectiva para eliminar el coste de las entregas fallidas es asegurar que el cliente esté en casa en el momento de la entrega. Y la forma más directa de lograrlo es dándole el control. Permitir que los clientes elijan su franja horaria de entrega ha pasado de ser un servicio premium a una expectativa estándar para muchos consumidores. Sin embargo, ofrecer esta flexibilidad sin una estrategia cuidadosa puede disparar la complejidad operativa y los costes. La clave está en encontrar el equilibrio entre la conveniencia para el cliente y la eficiencia para la flota.

Una implementación exitosa no consiste en ofrecer un lienzo en blanco al cliente. Se trata de presentar una serie de opciones pre-calculadas que se integren de manera óptima en las rutas ya planificadas. Un enfoque escalonado suele ser el más rentable. Se pueden ofrecer franjas horarias amplias (p. ej., de 9:00 a 14:00) sin coste adicional, ya que proporcionan suficiente flexibilidad al planificador de rutas. Para los clientes que requieren mayor precisión, se pueden implementar precios dinámicos, con un recargo por elegir ventanas de entrega más estrechas, como una franja de una o dos horas. Estudios de mercado demuestran que una parte del mercado está dispuesta a pagar por este servicio premium; de hecho, hasta un 23% de los consumidores paga primas significativas por servicios como la entrega el mismo día o en horarios específicos.

Además, esta estrategia puede utilizarse como una herramienta de marketing y sostenibilidad. Comunicar las «franjas verdes» —aquellas que se agrupan geográficamente con otras entregas y, por tanto, tienen una menor huella de carbono— como una opción más económica o ecológica puede incentivar a los clientes a elegir las opciones más eficientes para la empresa. Finalmente, es crucial ofrecer una reprogramación flexible a través de canales sencillos como SMS o WhatsApp. Darle al cliente la posibilidad de cambiar fácilmente su entrega hasta unas horas antes evita que un imprevisto de última hora se convierta en una costosa entrega fallida.

Implementar un sistema de elección de horarios bien diseñado no solo reduce drásticamente las incidencias, sino que también transforma la entrega de una fuente de ansiedad a una experiencia de cliente positiva y controlada, justificando incluso un posible aumento en el precio del servicio para aquellos que valoran la máxima conveniencia.

Cuándo enviar la encuesta NPS para obtener respuestas sinceras y útiles

Medir la satisfacción del cliente en la última milla es tan importante como optimizar sus costes. El Net Promoter Score (NPS), centrado en la pregunta «¿Qué tan probable es que nos recomiendes?», es una herramienta poderosa para este fin, pero su utilidad depende críticamente del momento y la forma en que se implementa. Enviar la encuesta en el momento equivocado puede generar datos sesgados o, peor aún, ninguna respuesta. Para obtener información sincera y accionable sobre la experiencia de entrega, el timing es fundamental.

El momento óptimo para enviar la encuesta NPS es inmediatamente después de la confirmación de entrega. La experiencia está fresca en la mente del cliente, tanto los aspectos positivos (la amabilidad del repartidor, la puntualidad) como los negativos (un paquete dañado, dificultad para encontrar la dirección). Enviar la encuesta a través de una notificación push de la app o un SMS en el instante en que el sistema registra la entrega exitosa maximiza la tasa de respuesta y la precisión de la retroalimentación. Esperar horas o días diluye la memoria y mezcla la experiencia de la entrega con la del producto, dificultando la identificación de problemas específicos de la logística.

La pregunta debe ser específica. En lugar de un genérico «¿Recomendarías nuestra marca?», la formulación debe ser: «Basado exclusivamente en tu experiencia de entrega de hoy, ¿qué tan probable es que nos recomiendes?». Esto aísla la variable logística del resto de la experiencia de compra. Además, un sistema NPS eficaz no solo recolecta datos, sino que actúa sobre ellos. Se deben configurar alertas automáticas para las puntuaciones detractoras (0-6) que activen un protocolo de servicio al cliente, como una llamada para entender qué salió mal. Esto no solo permite solucionar un problema individual, sino que convierte una mala experiencia en una oportunidad para demostrar un excelente servicio post-venta.

El análisis posterior de los datos es donde reside el valor estratégico. Segmentar los resultados de NPS por transportista, ruta, franja horaria o tipo de producto permite encontrar correlaciones directas entre variables logísticas y la satisfacción del cliente. Por ejemplo, se puede descubrir que un transportista en particular recibe constantemente bajas puntuaciones, o que las entregas en una determinada zona por la tarde son siempre problemáticas. Esta información, antes invisible, se convierte en una hoja de ruta para la optimización operativa.

Plan de acción: Implementar el NPS para la logística de última milla

  1. Enviar la encuesta instantáneamente tras la confirmación de entrega vía notificación push o SMS.
  2. Formular la pregunta específica: «¿Qué tan probable es que nos recomiendes basado en tu experiencia de entrega?».
  3. Configurar alertas automáticas para puntuaciones detractoras (0-6) que activen una llamada de seguimiento por parte de servicio al cliente.
  4. Segmentar los resultados obtenidos por transportista, tipo de entrega, zona geográfica y franja horaria para identificar patrones.
  5. Analizar las correlaciones entre las puntuaciones NPS y las variables logísticas (p. ej., tiempo de entrega, coste de la ruta) para guiar la optimización.

¿Cómo asignar costes indirectos a proyectos específicos sin falsear la rentabilidad?

Uno de los errores más comunes en la gestión de la última milla es analizar su rentabilidad basándose únicamente en los costes directos, como el combustible o el salario del conductor. Esta visión simplista oculta una gran parte de la verdad financiera. Los costes indirectos —amortización de vehículos y tecnología, seguros, licencias de software, personal de almacén y administrativo— suelen repartirse de forma prorrateada, falseando la rentabilidad real de cada entrega, ruta o cliente. Para tomar decisiones estratégicas, es imprescindible adoptar un método de cálculo de costes basado en actividades (ABC – Activity-Based Costing).

El método ABC funciona identificando todas las actividades que componen el proceso de última milla (preparación del pedido, planificación de ruta, carga del vehículo, conducción, entrega en puerta, gestión de incidencias) y asignando los costes indirectos a cada una de estas actividades. Posteriormente, se mide cuántas de estas actividades consume cada entrega individual. Por ejemplo, una entrega exitosa en el primer intento consume una actividad de «entrega», mientras que una entrega fallida consume dos actividades de «entrega», una de «gestión de incidencia» y una de «re-almacenamiento». De esta forma, se revela su verdadero coste total.

Aplicar este modelo puede arrojar resultados sorprendentes. Un cliente que realiza muchos pedidos pequeños con una alta tasa de entregas fallidas puede parecer rentable en un análisis tradicional, pero el método ABC podría demostrar que cada uno de sus pedidos genera pérdidas. Del mismo modo, una ruta en una zona de difícil acceso puede tener un coste por parada mucho mayor de lo estimado. Esta visibilidad permite tomar decisiones informadas, como renegociar las condiciones con ciertos clientes, establecer importes mínimos de pedido para zonas no rentables o justificar inversiones en tecnología que reduzcan las actividades más costosas (como las incidencias). Según el último estudio de Transport Intelligence, el hecho de que la última milla concentre hasta el 53% de los costes logísticos totales en los e-retailers subraya la urgencia de una asignación precisa.

Impacto del ABC en retailers multicanal vs. online puro

Un análisis de costes demuestra que los retailers con una fuerte presencia de tiendas físicas suelen tener costes logísticos generales más bajos en proporción a sus ventas. La distribución de mercancía paletizada a un número fijo de ubicaciones (las tiendas) es intrínsecamente más eficiente y económica que el fulfillment de miles de pedidos individuales a direcciones dispersas, característico del e-commerce puro. El método ABC revela que el coste por unidad movida en la logística B2B es una fracción del coste en la logística B2C. Por ello, para los e-retailers puros, las inversiones en automatización de almacenes y la creación de redes de envío alternativas no son un lujo, sino una necesidad para compensar la mayor complejidad y coste inherente a su modelo.

Sin una asignación precisa de costes, cualquier estrategia de optimización de la última milla se basa en conjeturas. El método ABC proporciona el mapa financiero necesario para navegar el tramo más complejo de la cadena de suministro.

Para tomar decisiones rentables, es indispensable dominar la correcta asignación de costes indirectos a cada entrega.

Puntos clave a recordar

  • La rentabilidad de la última milla no se mide por el coste por kilómetro, sino por la rentabilidad por parada, analizando los costes ocultos de cada entrega.
  • Las entregas fallidas son el principal destructor de margen. Reducirlas dando flexibilidad al cliente es más rentable que cualquier ahorro en combustible.
  • La tecnología es una herramienta, no una solución. Su valor reside en cómo se integra en una estrategia global de eficiencia, medición (NPS) y asignación de costes (ABC).

¿Cómo integrar a tus proveedores en tu sistema de planificación para sincronizar la producción?

La optimización de la última milla no comienza cuando el paquete sale del almacén, sino mucho antes, en la sincronización con los proveedores. Una cadena de suministro desconectada genera ineficiencias que repercuten directamente en la fase final de la entrega. Retrasos en la recepción de mercancías, falta de visibilidad sobre el inventario entrante o picos de trabajo no planificados en el almacén crean un efecto látigo que desordena toda la planificación logística, haciendo casi imposible mantener una última milla eficiente y predecible.

La solución pasa por crear una visibilidad compartida a lo largo de toda la cadena. Integrar a los proveedores clave en el sistema de planificación (ERP o WMS) permite anticipar la llegada de productos, planificar mejor los recursos del almacén y, en última instancia, ofrecer a los clientes fechas de entrega más precisas desde el momento de la compra. Esta integración puede ir desde simples portales web donde los proveedores actualizan el estado de sus envíos hasta conexiones API más sofisticadas que intercambian datos en tiempo real sobre niveles de stock y capacidad de producción.

El concepto de Torre de Control, extendido a toda la cadena de valor, es el objetivo final. Una torre de control no solo monitoriza la última milla, sino que centraliza los datos de proveedores, transportistas de larga distancia y operaciones de almacén en un único panel de control. Esto permite una gestión proactiva de toda la cadena: si un proveedor notifica un retraso, el sistema puede recalcular automáticamente las fechas de entrega a los clientes finales y ajustar la planificación de rutas antes de que el problema escale. Esta visibilidad holística es lo que diferencia a una operación logística reactiva de una verdaderamente estratégica y resiliente.

Además, esta colaboración abre la puerta a estrategias avanzadas como el cross-docking o el direct shipping desde el proveedor, eliminando pasos intermedios de almacenamiento y reduciendo drásticamente los tiempos de ciclo. Al ver a los proveedores no como entidades externas sino como socios integrados en el ecosistema logístico, se desbloquean nuevas palancas de eficiencia que tienen un impacto directo y positivo en el coste y la velocidad de la última milla.

En definitiva, la reducción de costes en la última milla exige una transformación mental: pasar de gestionar una flota a orquestar un ecosistema de datos, procesos y personas. La clave no está en una única acción, sino en la suma de optimizaciones granulares y estratégicas. Para empezar a aplicar estos principios, el siguiente paso lógico es realizar una auditoría interna utilizando el método de costes por actividad (ABC) para descubrir dónde se encuentran realmente sus fugas de rentabilidad.

Escrito por Clara Inestrosa, Directora de Cadena de Suministro y Sostenibilidad (CSO) con máster en Ingeniería de Materiales. Cuenta con 14 años optimizando la logística global e integrando criterios ESG en el ciclo de vida del producto y la gestión de proveedores.